Friday, June 15, 2018

Elecciones Presidenciales - Colombia 2018: ¿Qué podemos esperar?

Columna de opinión por: Juan Esteban Rivera
Miembro del Observatorio en Comercio Inversión y Desarrollo
Universidad EAFIT

A un par de días de la segunda vuelta electoral, es inevitable desconocer que Colombia se encuentra en medio de controversias electorales y de campaña así como la incertidumbre que junto con los miedos creados por suposiciones han generado un ambiente propicio para la polarización que se ha convertido en la representación de un país fraccionado. Algunos ciudadanos se preguntan por quién dar el voto de confianza en un momento lleno de tensiones, presiones sociales y recelos relacionados al proceso post-conflicto que apenas comienza para una nación adolorida y cansada de la guerra, la corrupción, la politiquería, las injusticias, la desigualdad y la exclusión. Es una decisión que representa el apoyo a planes de gobierno e ideales totalmente opuestos; el voto produce empoderamiento, la democracia nos alerta, nos sacude y nos brinda la oportunidad de luchar frente aquello que como nación consideramos prácticas en contra de lo ético y absolutamente inequitativas; no obstante, es necesario configurar el voto como derecho y el chance individual de demostrar inconformismo, por lo que cualquier muestra democrática en temporada electoral, se constituye como válido, sin importar si se determina abstención, voto en blanco o por algunos de los candidatos a elegir. De cierta manera, cada una de las opciones anteriormente mencionadas se vinculan a la posibilidad civil de la protesta y la rebeldía pacífica debido a que en grados proporcionales, el ciudadano ha decidido optar por la mejor opción para su país, que en caso del voto en blanco o la abstención significaría que el individuo no encuentra admisible alguno de los planes de gobierno; sin embargo, es necesario apuntar al hecho que la abstención, en comparación a las elecciones presidenciales de 2014, disminuyó del 59,93% al 46,62%. Así mismo, tras la firma del acuerdo de paz con las FARC-EP, el año 2018 ha sido escenario de las elecciones más pacíficas que ha vivido el país en las últimas décadas, sumado esto a que el ELN, con el cual el gobierno colombiano ha concretado el quinto ciclo de negociaciones para un acuerdo en pro de la construcción de la paz, declaró ceso al fuego para las jornadas electorales. Esta disposición constituye una oportunidad para miles de ciudadanos, que aún atemorizados por las armas y el conflicto, tienen la oportunidad de ser partícipes del ejercicio democrático.

El panorama político del país se ha convertido en un instrumento para el debate y la discusión centrada en dos intenciones opuestas. Por un lado, el candidato del Centro Democrático, Iván Duque Márquez, representa la derecha política y junto a su campaña, los partidos tradicionales han soportado sus ideales para la segunda vuelta electoral; por el contrario, Gustavo Petro Urrego, candidato por el movimiento Colombia Humana que representa la izquierda política, ha sido respaldado por partidos alternativos. Cada uno de ellos, guiados por sus ideologías e intenciones, proponen reformas a la justicia y la salud, conjuntamente con cambios en el sistema pensional y tributario. La contienda electoral ha sido un espacio de reflexión en lo que se refiere al futuro del post-conflicto, temas referentes a la sostenibilidad y los derechos civiles en cuanto se respeta la diversidad y las libertades de cada individuo. De igual modo, los escándalos por propuestas, algunas inconstitucionales, no se han hecho esperar y la inquietud reflejada por temas del pasado incita al temor colectivo. Cada uno de los candidatos inspira y refleja, de manera diferente, las necesidades de una nación fragmentada que espera por una buena gobernanza y toma de decisiones efectiva que beneficie al común y traiga consigo una recomposición social, recuperación ambiental y estabilidad económica.

Tuesday, June 12, 2018

Sin vida...

Columna de reflexión por: Alejandra Bedoya Gallego
Email: aleja200430@gmail.com 
Estudiante de la Universidad de los Niños
Universidad EAFIT, Colombia 

La educación es uno de los factores más importantes para el desarrollo y el progreso de la sociedad. A través de este aprendizaje, se definen puntos de vista y se concreta la crítica de cada individuo. Es el punto y coma de nuestras vidas, es lo que nos forma, más que para el futuro, para el presente.

La educación es una cultura, es una manera de transformar vidas, es lo que permite dejar la ignorancia de lado y conocer más de lo que somos y saber cómo podemos llegar a lo que queremos ser. No se trata de atiborrar la mente de fórmulas y algoritmos, se trata de conocer, aprender y compartir.

La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo” dijo una vez Nelson Mandela.

Sin vida...


Era blanca, pálida, vacía. Lisa, perfectamente plana, de esas pocas que conservan su figura. Sus cimientos le aportaban rigidez, además de altura. Era elegante, su frivolidad cambiaba la monotonía del ambiente y permitía la conexión entre los violetas y amarillos. Había algo en ella que la hacía especial; no sé si era la forma en la que soportaba la estructura o la sencillez que manifestaba respecto a las demás. Era única, impredecible. Realmente era difícil saber que ocurría en su interior, conservaba su firmeza, pero ciertamente no todo podía ser tan sólido como ella lo planteaba, le faltaba algo.

Todos se burlaban de su apariencia, decían que era demasiado simple, que no era original, que estaba fea, le faltaba color; sin embargo, siempre se mostró indiferente. Mientras otras colgaban sobre sus extravagantes fachadas hermosas obras de arte, ella conservó su compleja simplicidad. Unos días se manifestaba cadavérica, otros, relucía entre el resto. La subjetividad de su belleza se abría a campos desconocidos, a profundidades sombrías y siniestras, a diáfanas e intangibles superficies.

Pasaron los años, y como si el tiempo no hiciese su trabajo se notaba más deteriorada.

Cierto día se le acercó un hombre, al parecer era diseñador. Le observó, le analizó, detalló toda su estructura, su color; acarició su superficie, se conectó con ella. El hombre apuntó todo lo que veía en una libreta; la dibujó, se esmeró rigurosamente en colocar cada detalle. Él no notó su vacío, solo veía las mismas imperfecciones estéticas que le recalcaban sus compañeras.

Antes de tomar papel en el trabajo, debía asegurarse de que contaba con el consentimiento del propietario, quien por consecuente aprobó la obra. Ella no tenía voz en la situación, se vio sumida a callar, a no dar su opinión. Las demás miraban con intriga a aquel hombre y se preguntaban que querría hacer con esa planicie, blanca y abandonada. El diseñador preparó todo para comenzar a cambiar el aspecto de aquel soporte. Colores, papel tapiz, adornos de repisa, incluso plantas decorativas, todo aquello con lo que pretendía ‘ponerle fin’ a su opacidad.

Era un viernes a las ocho de la mañana. Durante décadas había permanecido intacta, jamás habían irrumpido su serenidad. En los 18,250 días que transcurrieron desde su construcción, nadie nunca intentó conmutar su apariencia, hasta aquel día. El mismo hombre que al principio se presentó sutil, delicado, ese mismo, fue quien manchó su porte, fue quien arrasó con su autenticidad y quien destrozó vilmente todo lo que la hacía magnífica. El blanco puro, característico suyo, desapareció. Le atiborraron las entrañas de colores, todos distintos a los que ella solía conocer. Ya no era diferente, ahora también colgaba obras de arte en su fachada, perdió la originalidad. Su naturaleza se desvanecía entre el mar de mentiras que el diseñador había creado para ella. Era algo así como el plagio de una bella escultura, solo que hueca. Ese vacío que presentaba desde un principio solo había logrado ampliarse a la magnitud de un agujero negro que consumía todo sentimiento de motivación y alegría, y, que a pesar del color y la viveza de las estatuillas que le adornaban, forjaba un ambiente lúgubre, gris, sin sentido.

Ella quería desplomarse, soltar todo lo que cargaba, volver a ser lo que era, y por primera vez en su vida, aceptarse.

Inesperadamente, al siguiente mes, tembló. La tierra le dio una fuerte sacudida a los dominios humanos. No fue delicada, puesto que sabía que debía responder con furia al maltrato. Las placas tectónicas alcanzaron el más alto nivel de su propia catarsis, expulsaron con cólera las vibrantes ondas de su unión, corrieron el velo de la tranquilidad, y dieron paso a la destrucción.

Ella pudo cumplir su sueño. Se integró con la tierra, acabó con toda falsedad que la hacía burla, y todos esos colores, decorados, papeles tapiz acabaron siendo nada más etiquetas. Fue de esas pocas que conservó su postura y se mantuvo firme hasta el final, fue una buena pared.