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Thursday, October 29, 2015

Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2015: Haciendo funcionar la arquitectura financiera internacional para el desarrollo



Por: Andres Ordoñez Buitrago y Esteban Jaramillo Osorio. (Analistas del Observatorio en Comercio, Inversión y Desarrollo, Universidad EAFIT).

El martes 20 de Octubre 2015, tuvo lugar en la Universidad EAFIT, Octubre 20 de 2015 el “Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2015: Haciendo funcionar la arquitectura financiera internacional para el desarrollo” de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), a cargo del Dr. Alfredo Calcagno, Jefe de la División de políticas macro-económicas y de desarrollo, de la UNCTAD.


Alfredo Calcagno analizó, como luego del colapso del sistema Bretton Woods, las finanzas en la economía mundial se han vuelto más prominentes, poderosas e interconectadas, gracias a un flujo sin precedentes de capitales entre los país. Mientras en 1980 tanto el comercio internacional como las finanzas internacionales representaban cerca de una cuarta parte del PIB global, en 2008 –antes de la crisis– las finanzas globales crecieron nueve veces más que el comercio internacional y el valor global de los activos financieros excedía los 200 trillones de dólares. Este distanciamiento entre el sistema financiera y el sector real de la economía, sumado a la poca regulación y vigilancia del sistema financiero desató la crisis de 2008, para cuya recuperación se han generado niveles de deuda superiores a 57 trillones de dólares.




Sin embargo, la economía global no ha respondido como se esperaba. El crecimiento promedio a nivel global es del 2.5%, en comparación con el 3% esperado y con el crecimiento del 4% previo a la crisis. Lo anterior ha llevado a que las políticas monetarias se mantengan en expansión, pero el miedo a otra crisis ha mantenido las tasas de interés, la expansión del crédito y los salarios en niveles bajos. Esta combinación de políticas monetarias “fáciles” y un crecimiento lento del sector real ha llevado a los países desarrollados a tener exceso de liquidez, lo cual ha aumentado considerablemente el flujo de capitales a las economías en desarrollo y en transición.

En relación al comercio internacional, en América Latina y el Caribe este ha disminuido tanto en volumen como en términos monetarios, parcialmente como consecuencia de la desaceleración de la economía de la región, lo cual ha afectado negativamente el comercio intrarregional. Así mismo, la caída en los precios de las materias primas o commodities –particularmente el petróleo– ha impactado negativamente los términos de comercio de la región. Es probable que la desaceleración de la economía latinoamericana que inició en 2011 continúe también durante el 2015.

En este contexto, la reforma al sistema financiero internacional es imperiosa. Entre las medidas necesarias se destacan algunas muy ambiciosas, como acuerdos multilaterales que establezcan nuevas reglas para el manejo de las tasas de cambio, la creación de un banco central global o incluso una moneda global; y otras más pragmáticas, como aumentar la coordinación de políticas macroeconómicas, reformar la gobernanza y aumentar los recursos del Fondo Monetario Internacional y fortalecer la vigilancia y regulación de las instituciones financieras. Asimismo, es importante evaluar el rol de las agencias de calificación crediticia, las cuales particularmente a partir de la crisis del 2008 se han mostrado como una amenaza a la estabilidad financiera global.

En cuanto a la deuda externa, se advierte que si bien no es un problema en sí misma (en tanto sirve como una estrategia de financiamiento que puede servir para expandir las capacidades productivas y aumentar el ingreso y las exportaciones), cuando proviene de flujos de capitales privados sin relación con el financiamiento del comercio y la inversión en el sector real de la economía, puede llevar a burbujas de activos, sobrevaluación de la moneda, las importaciones superfluas e inestabilidad macroeconómica.

Finalmente, se destaca la importancia de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) como un movilizador fundamental de recursos financieros, particularmente cuando el financiamiento doméstico es limitado o inexistente. En este sentido, preocupa que los niveles de AOD sigan siendo bajos: 0.29% del PIB en 2014, en comparación con el 0.7% fijado como meta. Igualmente se llama la atención que como consecuencia de la movilización de recursos para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la AOD se ha enfocado predominantemente en sectores sociales y sólo el 40% se ha destinado al desarrollo de infraestructura económica y sectores productivos.

Saturday, May 30, 2015

La política fiscal como herramienta para el desarrollo en América Latina

Artículo de opinión por: Esteban Jaramillo Osorio (ejaram11@eafit.edu.co )*
Estudiante de Economia, Universidad EAFIT, Colombia

Los Estados tienen a su disposición una innumerable cantidad de herramientas para fomentar el crecimiento y el desarrollo, entre ellas puede destacarse al fortalecimiento de la política fiscal como una de las más poderosas en los países emergentes.

Para poder considerar la utilidad de la política fiscal a la hora de fomentar el desarrollo, es importante primero definir a que nos referimos por política fiscal, entendiendo está bajo los preceptos del Banco de la República; “Es una política que sigue el sector público y que dictamina sus decisiones de gasto, impuestos y endeudamiento”.

En Latinoamérica, se ha demostrado que el uso de la política fiscal es efectivo para el desarrollo y el crecimiento, pero en comparación a países más desarrollados aún le queda un largo camino por recorrer. Según datos de la Organización para la cooperación y desarrollo económicos (OECD) los ingresos gubernamentales en Latinoamérica entre 1990 y 2006 aumentaron un promedio de 23% respecto al PIB, pero los países de la (OECD) ostentan una media del 42%, lo que evidencia el gran potencial de crecimiento que tiene Latinoamérica. Cifras similares se hallaron en el gasto público, estas tienen sustento en las marcadas diferencias entre los Estados de referencia, a saber, los países latinoamericanos y aquellos pertenecientes a la (OECD), algunas de estas discrepancias son: los sistemas fiscales excesivamente centralizados, la baja calidad de los servicios públicos respecto a los impuestos pagados, la injusticia que conlleva una recaudación de impuestos desproporcionada, el gasto publico bajo y mal implementado, y finalmente, la sensibilidad de los bonos soberanos ante los ciclos políticos.

La centralización causa una inequitativa repartición de los recursos recaudados por el gobierno central, lo que presenta varios desafíos a la hora de proporcionar bienes y servicios necesarios para la sociedad, como lo son la electricidad o agua potable. Para solucionar esto lo ideal sería una descentralización de los sistemas fiscales y dar más control sobre estos a las subregiones, sin embargo esto puede presentar algunos inconvenientes que requieren ser superados a la hora de implementar estas políticas.

Debido a la gran importancia que tienen los servicios públicos, los impuestos deberían verse reflejados en ellos puesto que dota de confianza al pueblo a la hora de tributar y se contrarresta así la evasión de impuestos que está en auge. Pero el mayor factor a la hora de analizar los efectos del gasto público y la calidad de los servicios se puede notar en la disminución de la pobreza, la desigualdad, y la exclusión, ya que al proveer mejores servicios como educación, agua potable, transporte público, entre otros, se le dan nuevas y mejores oportunidades a las clases más desfavorecidas de los países, y estas, convertidas en perspectivas de crecimiento favorecen la confianza en el Estado y fortalecen el desarrollo.

Para reducir la desigualdad, la pobreza y la exclusión social, es importante hacer gran énfasis en la necesidad de terminar con la desproporción en la recaudación de impuestos, puesto que la generación de carga tributaria es regresiva respecto a la tasa impositiva, que puede reducir la renta de los habitantes a medida que aumenta la tasa impositiva, teniendo esta un impacto mayor para los habitantes que menos ingresos perciben, debido a la disminución en la capacidad de obtención de bienes y servicios de primera necesidad, y por lo tanto los contribuyentes con menores ingresos son los que se ven afectados en mayor medida, visto que el impacto de la tributación es mayor en comparación a agentes con un mayor ingreso, puesto que sufren un menor impacto a la hora de tributar puesto que la destinación del capital a ser tributado no implica una disminución en el consumo de bienes o servicios básicos.

Al hacer más equitativa la recaudación de impuestos se podría aumentar la cobranza de los mismos mientras a su vez se reduce la desigualdad y se brindan nuevas oportunidades de crecimiento a las clases más bajas.

El gasto público puede ser una de las herramientas de la política fiscal con mayor impacto, pero este debe ser realizado de manera muy cuidadosa puesto que debe tener en cuenta el tipo de financiación que se utiliza a la hora de generar gasto público.

Respecto a lo anterior es importante resaltar que no todo gasto es idóneo para promover el desarrollo, y en últimas el crecimiento de un Estado, y por esto es de suma importancia discriminar los diferentes gastos y su utilidad, por ejemplo, una de las inversiones más efectivas es la que se hace en educación y la realización de sus políticas educativas, estas demuestran ser altamente efectivas a la hora de aumentar la productividad de un país, siempre y cuando sean implementadas correctamente, puesto que la intervención estatal no genera necesariamente un aumento en la productividad o en el desarrollo, sino una buena implementación del gasto, ya que al gastar en servicios como la educación, se está invierte en el capital humano que a futuro proporcionara un mayor crecimiento económico y social, pero esto solo se puede dar si y solo si este gasto se hace de manera adecuada y focalizada.

Otro aspecto del gasto público productivo es que puede aumentar el empleo formal ya que al destinar gasto a obras públicas de importancia abren cupos de trabajo para las clases más bajas.

A la hora de financiarse el gobierno puede hacerlo a través de políticas impositivas, así como también puede recurrir a la venta de bonos soberanos, esta fuente de financiamiento es bastante común, sin embargo estos bonos de deuda soberana están basados credibilidad del Estado, y por esto, en Latinoamérica suelen fluctuar de acuerdo al gobernante de turno y las calificaciones del riesgo país, este fenómeno es causado por el temor de los inversionistas a los cambios políticos sustentados en políticas fiscales expansivas, reduciendo así la credibilidad en los Estados. También tienen una gran influencia los bruscos cambios en las políticas económicas que se generan en la transición de un gobierno a otro, y por ello tienden a ser extremadamente cautelosos a la hora de invertir. Para solucionar esto se requiere de una comunicación más medida y cuidadosa de parte de quienes gobiernan o quienes aspiran a gobernar, así como también un marcado respeto por la constitución económica, entendiendo esta como las bases fundantes de la economía estatal, bases que no pueden ser moldeadas al gusto de cada uno de los gobiernos que hayan de llegar.



La política fiscal es un tema que suscita una amplia controversia por parte de los expertos, puesto que estos entienden como un problema la implementación de impuestos a modo de freno frente al crecimiento económico y el desarrollo del país, así como también existen otros que consideren la política fiscal como un mecanismo para estabilizar los ciclos económicos evitando las fluctuaciones marcadas como lo son las grandes escaladas y depresiones. Pero la política fiscal podría tener otra cara en donde sea un motor para el crecimiento y un medio para la consecución de los objetivos del desarrollo económico y social dentro de un Estado.

Referencias


Jiménez, J. P. (2008). Política fiscal y crisis en América latina. Revista Asturiana De Economia.

OECD. (2008). La política fiscal como herramienta de desarrollo en América Latina. Organización para la cooperación y el desarrollo Económicos(OECD).